Artículo de La Vanguardia (Culturas), 14/05/2008
Espacios
Terrassa, la ciudad amable
JOSEP MARIA MONTANER - ZAIDA MUXÍ
Siguiendo una opción tomada ya en los años setenta, cuando el movimiento vecinal y de técnicos consiguió salvar el Vapor Aymerich, Amat i Jover, de Lluís Muncunill, que se convertiría en sede del Museu Nacional de la Ciència i de la Tècnica, Terrassa ha sabido evolucionar, transformándose sin dejar de revalorizar sus preexistencias históricas: la parte medieval con las iglesias de Sant Pere convertidas en museos, la memoria industrial de las fábricas y diversos espacios naturales y parques; de manera que hoy ya puede ofrecer obras modélicas, realizadas y premiadas.
Entre ellas destacan las intervenciones para la mejora de los espacios públicos, que constituyen un hecho fundamental en la vida en las ciudades. En Terrassa destaca el valor del parque de Vallparadís, proyectado por fases a finales de los años noventa por Marta Gabàs y Anna Ribas, recuperando un espacio abandonado y superando un corte en la ciudad, de tal manera que se potencia un entorno adecuado al conjunto románico de Sant Pere, mostrándose los restos prehistóricos in situ, y proponiendo actividades para toda la ciudadanía, desde zonas de descanso, paseo y natación hasta huertos urbanos, con lo que se constituye en uno de los paisajes más significativos de la ciudad.
En el conjunto destaca la pasarela peatonal, un puente colgante ligero, ideado en el 1995, proyectado en 2002 y realizado entre el 2003 y el 2005, que conecta el antiguo pueblo de Sant Pere con el barrio del ensanche de Vallparadís, deslizándose entre los árboles del parque, según proyecto de Pere Riera, Josep María Gutiérrez, Josep Sotorres, Montserrat Batlle y Barto Busom de RGA Arquitectes y de Manel Reventós, Franc Fernández y Albert Mas de Enginyeria Reventós. Se trata de un puente de banda tensa, de hormigón y acero, que salva una luz libre de 90 metros.
Terrassa hace gala de su pasado industrial, recuperando y reutilizando edificios como el antiguo vapor y harineras reconvertidas en sede universitaria y administrativa, denominado Vapor Universitari; o el Vapor Amat que, ya en 1986, fue remodelado como Sala Muncunill para exposiciones, según proyecto de Francesc Bacardit. Y acaba de entrar en funcionamiento el conjunto del antiguo Vapor Gran, convertido en un nuevo centro de Terrassa, en el que conviven y se potencian muy diversos usos: residencial, comercial, oficinas y ocio, rodeados de espacio público cualificado y sin coches. Las dos naves que se han conservado han sido dedicadas a zona comercial y de ocio y a sede de oficinas, según proyecto del equipo Capella García Arquitectura, conservando los elementos tipológicos, estructurales y formales de la fábrica e introduciendo la contemporaneidad en las fachadas laterales, que habían sido amputadas, y en una serie de nuevas aberturas abstractas y recortadas, realizadas con acero corten.
El equipo de Juli Capella es autor también del nuevo hotel (2006-2007), junto a las nuevas viviendas proyectadas por Francesc Bacardit, siguiendo un proyecto urbanístico de Manuel de Solà-Morales. Es de destacar que en estas operaciones, además de la sociedad mixta Prointesa, formada por el ayuntamiento y por privados, ha intervenido una promotora privada, La Clau, que también se ha incorporado al proyecto colectivo de una ciudad amistosa, que revaloriza su patrimonio industrial y mejora sus espacios públicos.
La apuesta de la ciudad se extiende a afrontar nuevos crecimientos urbanos con vivienda pública, desarrollados de manera especial, ya que pocas veces un proyecto urbano reúne las particulares características de la nueva área residencial en la ciudad: Torresana. Planificada como borde pero no como frontera, como transición entre un barrio de la ciudad y sus límites naturales, el proyecto de Plan de Mejora Urbana de Torresana, redactado también por Manuel de Solà-Morales, reúne, desde su gestación, características que lo convierten en emblemático de la manera de hacer ciudad con viviendas, de proyectar el crecimiento urbano con límites y de intervenir en el paisaje con arquitectura. Este final de la Torresana se plantea como un barrio diverso, desde la administración, el proyecto y la gestión del mismo. Las manzanas y los bloques han sido realizados por cinco equipos: Enric Sòria, Xavier Monteys/ Josep Maria Lecea, Eva Prats/ Ricardo Flores, Josep Llinàs y el encabezado por Manuel de Solà-Morales, funcionando cada uno con autonomía, pero compartiendo pareceres y adecuando las propuestas a una unidad basada en la diversidad, que sigue las especificaciones del plan urbano.
Esta oportunidad de pensar y proyectar un nuevo barrio es un desafío que intenta responder a muchas preguntas comenzando por ¿cómo se construye ciudad? La lista de objetos y elementos puede estar dada por el programa (viviendas, equipamientos, comercio, espacio público), sin embargo la manera de organizarlos y distribuirlos son múltiples y en ello reside parte importante de la respuesta a esta pregunta. Si la ciudad está definida por el espacio público, las actividades y la gente que lo utiliza, el proyecto ha de procurar garantizarlos por medio de decisiones de escala y complejidad diferentes, compaginando diversos niveles de intervención técnica. En un proceso histórico de construcción de un barrio es el tiempo, con la variedad superpuesta de actuaciones y capas, el que garantiza la heterogeneidad y la apropiación. Pero que esto ocurra en un proyecto de creación unitaria es un gran desafío. Es decir, sin el grano pequeño que da cabida a la variedad tipológica, temporal y de usos, ¿cómo lograr la variedad real desde un proyecto único que, al mismo tiempo, responda a la escala de pieza urbana adecuada y unitaria? La confianza en el tratamiento del espacio público como elemento de organización y coherencia, unido a la libertad interior de los elementos, parece ser una manera eficiente de lograrlo. El otro gran reto es ser capaz de integrarse en un barrio de identidad difusa y pequeñas piezas, y, al mismo tiempo, ser una pieza límite de lo urbano frente al paisaje. Integración y límite en las diferentes escalas definen un proyecto basado en manzanas casi cerradas, hechas con vivienda, y también con tiendas y talleres, que se sitúan entre dos franjas de verde.
Sin dormirse en su pasado y sin dilapidar su patrimonio en aras de una modernidad acrítica, Terrassa ha ido ganando calidad de vida con unas acertadas decisiones colectivas, al saber elegir aquello que se debía conservar y revitalizar - monumentos románicos, fábricas, tejidos urbanos, espacios públicos- y aquello que debía hacerse de nuevo, como los barrios residenciales bien relacionados con los espacios verdes. Además, lo ha hecho dando buenas lecciones de las diversas escalas de intervención que se han de coordinar en el espacio y en el tiempo para proyectar el espacio público, los centros urbanos y los nuevos barrios.
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